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Mes: septiembre 2013

Hon dojo

Hon dojo

Vine a Japón con un objetivo, además del de participar en el 34vo WAGC: estudiar durante un mes en un dojo de go, un sueño que idealicé desde que empecé a estudiar el juego. De hecho, todas mis expectativas en clasificar para uno de los torneos internacionales en Japón o en Corea, escondían como causa real las ganas que tenía de quedarme en esos países, por un tiempo, estudiando, más allá de los torneos mismos. Algo cambió en el camino.

El 6 de septiembre llegué con mi valija, mi enorme y pesada valija, a la estación de Asagaya, en Tokio. Me fue a buscar, corriendo (sic) uno de los sensei del dojo, Kim. Kim tiene 24 años, como yo, es 7 dan amateur y se dedica a enseñar go y artes marciales japonesas (karate y aikido).

Cuando llegamos al dojo la primera vez, me dijo que dejara la valija en la entrada, y literalmente en la primera habitación en la que entré, me dijo que jugara un partido con otro muchacho, calculo que también de nuestra edad o un poco más joven. Nos sentamos en el piso de tatami y jugamos en un goban tradicional, por primera vez en mi vida.

Un rato más tarde llegó Hon, el sensei director del dojo, y finalmente me mostró el lugar. Hon es coreano, tiene 35 años, y es primer dan profesional por la Kansai Ki in. Fue insei en Corea desde los 4 años (según sus palabras, gracias al lavado cerebral de su padre, 7 kyu), pero no llegó a ser profesional allá. En Japón como amateur, sin embargo, construyó uno de los mejores dojos del país, en donde estudian amateurs, insei y profesionales. Entre sus logros principales están Ichiriki Ryo (3p) y Fujisawa Rina (1p), que tiene el récord de ser la persona más joven en la historia del go en Japón en convertirse en profesional (a los 11 años y 6 meses). Hon, además, es una excelente persona, y en extremo simpático.

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El primer cuarto del dojo, que hacía las veces de living y de sala de estudio.

La rutina del dojo consiste, básicamente, en el siguiente horario. 9.30 a 12.00: estudio (benkyo); 12.00 a 13.00: comida (gohan); 13.00 a 17.30: benkyo; 17.30 a 18.20: gohan; 18.20 a 21.00: benkyo. Esto es todos los días de la semana, menos el jueves, donde hay descanso (yasumi) general.

Cuando está el grupo de estudio, el benkyo se realiza en conjunto. Esto es, por lo general, desde las 16.00 los días de semana, y desde las 9.30hs los sábados y domingos. Dado mi nivel (bajo, al menos dado el contexto), mi grupo de estudio oficial era el más bajo (tengo entendido que eran 3 grupos), y mis compañeros tenían por lo general entre 7 y 13 años. La mayoría de ellos, además, era más fuerte que yo.

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El cuarto de estudio correspondiente a mi grupo.

Después de las 21.00, los estudiantes que se quedaban a dormir ahí (eso iba variando conforme los días), por lo general seguían revisando partidas o estudiando hasta alrededor de las 12 de la noche, cuando se iban a dormir.

Dormir, también, se hacía a la manera japonesa. Como todos los cuartos tenían la doble función de ser cuartos de estudio además de sus funciones hogareñas (el de la foto de acá arriba, por ejemplo, era también cocina), la habitación para dormir era el cuarto de estudio del grupo superior. Esto significa, básicamente, dormir en futones, que se arman antes de acostarse, y se desarman a la mañana (antes de las 9.00).

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La habitación donde dormía, a la vez cuarto de estudio del grupo superior.

La realidad es que seguir el ritmo del dojo al pie de la letra era absolutamente imposible, y desde un principio lo tuve claro. ¿Por qué era imposible?, me pregunto con sinceridad. Por un lado, porque en el momento de estar en el dojo, estaba en Tokio también, y no había manera de que no me permitiera salir a ver, al menos de vez en cuando, qué había ahí afuera. Mis intereses, creo que a diferencia de otros estudiantes del dojo, superan al go. Por otro lado, por la falta de hábito de mantener la concentración durante doce horas por día (es un hábito que, creo, no se adquiere en poco tiempo). Por último, por estar tanto tiempo sin poder hablar. En el dojo no había nadie que hablara inglés o español (salvo palabras sueltas del primero). Mi japonés es, como mínimo, muy primitivo, por lo que el resultado de un día completo en el dojo era el de un aislamiento algo severo, y necesitaba aliviarlo con, al menos, varias caminatas diarias.

Me encontré a los pocos días saliendo, o escapando, más de lo que había planeado. Era, en parte, por las razones enunciadas más arriba. Pero había algo más, y esto probablemente fue enteramente mi culpa. Antes, en Argentina, pensaba que en Asia, seguramente, se estudiaba diferente. “El dojo me va a servir para ver cómo estudiar”, “estar tanto tiempo en el dojo me va a cambiar radicalmente la manera de ver el juego”, “ahí voy a experimentar el go de verdad”. Pues bien, sorpresa: resultó que el juego era el mismo. Y el estudio, también. No había ningún secreto guardado en Asia. Ellos hacen problemas (tsumego y tesuji), revisan y memorizan partidas profesionales, y juegan y revisan sus propias partidas. Hacen todo eso en grupo, y lo hacen doce horas por día.

¿Perdió la magia el go? En absoluto. Lo que perdió la magia de manera completa fue el mito que yo construí sobre la escuela japonesa de go. No hay realmente diferencias cualitativas con lo que siempre hice. La diferencia es cuantitativa, y eso es lo que marca, al final, el gran cambio: el go, acá, es profesional. Eso significa dos cosas: 1. se puede estudiar doce horas por día; 2. cuando es profesional, no es un placer.

Y el último punto, sumado a mi epifanía y a la muerte del mito que yo solo había armado, fue lo que me terminó de convencer de lo único que podía hacer. Unas dos semanas después de llegar al dojo, con mi grande y pesada valija, me iba de nuevo, a ver qué había allá afuera.

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We’ll always have Sendai.

We’ll always have Sendai.

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Sendai. Una ciudad relativamente chica (alrededor de un millón de habitantes), al norte de la isla de Honshu, que fue sede del 34th World Amateur Go Championship en el que participé, representando a Argentina. Desde Tokio mantengo el recuerdo, siempre muy feliz. Es una ciudad extremadamente vivaz y bella, de un tamaño justo para recorrerla sin mucho esfuerzo ni trenes ni caminatas.

Probablemente la belleza de la ciudad en mi memoria esté teñida de las experiencias del torneo. Como primer torneo internacional, debo decir que superó ampliamente las expectativas. La organización impecable, y la buena onda general de todos los involucrados permitieron vivir sin obstáculos la experiencia increíble de participar de un certamen de más de sesenta personas, todas y cada una de ellas de un país del mundo diferente. Pocas maneras tan potentes de sentirse uno más en el planeta, igualado completamente.

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El nivel realmente competitivo, claramente, se da entre los primeros 20 jugadores de la lista, no obstante lo cual atravesar ocho partidos de unas tres horas de duración cada uno, en cuatro días, foguea de una manera intensa el propio juego de torneo.

Es realmente raro. Bajar a desayunar al lobby del hotel con el grupo armado (inevitablemente, se arman grupos), y salir a jugar a la mañana y a la tarde con el que toque, de cualquier parte. Y hacer de eso una rutina.

Nota respecto a los grupos: desde mi punto de vista, eran tres principales. 1ero: los europeos. Si bien eran muchos, había un grupo de unos 6 a 10 de ellos (de paso, los más fuertes), que eran un poco intimidantes. Eran, además, los occidentales que más experiencia tenían en torneos de este tipo. 2do: los asiáticos. Este grupo incluía, en realidad, a todos los que sabían hablar chino: Taipei, Hong Kong, Indonesia, Singapur, Tailandia, Estados Unidos y Canadá. 3ro: los latinos. El grupo abierto. Además de Ecuador, Colombia, y Argentina (los sudamericanos) incluía a España, Portugal, y Finlandia (hijo de un peruano, sabía español). Además, siendo el grupo más abierto, en ocasiones incluía a Itaila, Brunei, India, Nepal o quien se cruzara en el camino.

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La sala de revisión de partidas donde, entre otros profesionales, Takemiya Masaki 9p en persona daba comentarios sobre su juego a quien se lo pidiera.

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Mis resultados no fueron acorde a mis expectativas, y logré sólo 3 victorias en 8 partidos, cuando mi objetivo era de 4. No obstante, subí del puesto 45 en el inicio al 39 en el final.

Ahora lo importante:

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Bento Box del torneo.

Experiencia culinaria en Sendai n°1: Bento Box. Este tipo de comida es un clásico en Japón, y se vende preparada así como se ve hasta en los supermercados. Tiene infinitas variedades, y es la comida que nos daban en el torneo todos los mediodías, entre partido y partido. Las opciones eran: pollo, carne, pescado o vegetariano. Si bien es bastante rico y cumple su función, debo decir que con el tiempo llega a cansar. No pregunten qué hay en cada sección, creo que nunca lo supe.

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Té verde ceremonial.

Experiencia culinaria en Sendai n°2: créanlo o no, este es el mejor té verde que tomé en mi vida. En la ceremonia de inauguración del torneo, entre otros eventos tradicionales estuvo la ceremonia del té, donde preparaban para los jugadores lo que se puede ver en las fotos. Sinceramente, hace que todo lo demás que conocemos como té parezca agua sucia.

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Al final de la semana, y después de todo el torneo, nos llevaron de tour por la prefectura de Miyagi, donde se encuentra Sendai, que fue la prefectura más afectada por el terremoto y tsunami de la costa este de Japón de 2011 (Sendai, por ejemplo, es una de las paradas del tren más cercanas a la célebre Fukushima). El tour consistió en un recorrido por ciudades que ya no existían más después del tsunami, y de las cuales sólo quedaban algunas ruinas de edificios o las calles marcadas en el suelo. Realmente no se puede decir mucho al respecto.

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Con mi jugadora anfitriona, Mai-chan (foto cortesía de la revista Go Weekly).

Gran ciudad, grandes amigos, grandes partidos. Gracias Sendai.

Club de go de Shibuya

Club de go de Shibuya

Una de mis actividades favoritas en Tokio es visitar distintos clubes de go. Por lo general hay al menos uno en cada barrio, y en muchos casos varios más. A veces se encuentran levantando la vista y prestando un poco de atención a los carteles que hay en las ventanas de los pisos superiores de los edificios, y a veces hay que buscarlos un poco más, preguntando en oficinas de turismo ante la sorpresa de los empleados frente a un occidental jugador de go, o googleando persistentemente.

El club de go de Shibuya lo busqué especialmente una tarde de aburrimiento. Se encontraba en un tercer piso por ascensor en una calle de edificios bajos. Había que tocar el timbre para entrar, algo que en un principio me intimidó, pero una vez adentro el lugar era bien público, abierto, y mucho más amplio que la mayoría de los espacios tokiotas.

La amplia mayoría del público, como siempre, eran hombres mayores de sesenta.

Un señor atendía el club, contrariamente a lo más común que es que lo hagan señoras. Me cobró el pase diario, un poco más caro que el de otros clubes, buscó rápidamente un oponente de mi nivel y me dio una pequeña botella de té verde frío, ideal para jugar.

Detrás del señor, la tabla de resultados del club.
Señores jugando y revisando partidas.
Reservados, controles de aires acondicionados, y caramelos ^^

Jugué un par de partidas en un clima agradable aunque no demasiado confianzudo. A diferencia de otros clubes en los que, como podía, la clientela me sacaba charla, aquí se limitaron a jugar sin socializar demasiado.

En general, un buen lugar, con buena cantidad de jugadores, variedad de nivel, y ambiente agradable.

34th WAGC (PARTIDAS)

34th WAGC (PARTIDAS)

A continuación, dos de las partidas jugadas en este paso por el WAGC, contra Ofer Zivony (Israel, 3D), y Christopher Welsh (Sudáfrica, 1D). Son las dos partidas registradas oficialmente por el torneo, disponibles también aquí.