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Mes: diciembre 2015

Five Hundred and One Tesuji Problems – Richard Bozulich

Five Hundred and One Tesuji Problems – Richard Bozulich

Este compilado de problemas de tesuji, recopilados a partir de colecciones japonesas, me lo trajo un conocido de un viaje a Japón en 2014. Empecé a leerlo a principios de 2015, pero su densidad me dificultó mucho transitarlo en una velocidad razonable.

La clásica portada de la serie “Mastering the Basics”, de Kiseido.

En principio, el planteo del libro me parece interesante: presenta los tesuji agrupados en sus aproximadamente 45 tipos, de modo tal que al entender uno, el lector resuelva el resto a modo de práctica y pueda asmiliar el tesuji en cuestión. La presentación del libro y la selección de los problemas, sin embargo, es desmotivante. El orden recién comentado es solo aparente, y los problemas cambian de dificultad y de tipo drásticamente de uno al siguiente, quedando en uno adivinar en qué momento del libro se encuentra.

Además, el diseño del libro agrupa muchos problemas por página, y los textos que acompañan cada problema son, cuando no innecesarios, obstáculos para la fluidez de la lectura.

Detalle de las páginas del libro y su diagramación de problemas.

Debería darle otra chance más adelante, y probablemente lo haga, pero creo que el enfoque pedagógico es más importante en un libro de problemas que en cualquier otro, ya que el peligro de la desmotivación es siempre mucho mayor. En este caso, dicho enfoque está perdido.

Jongmyo Park

Jongmyo Park

Después del torneo en Tokio decidimos, con Julieta, pasear un poco. Recorrimos Osaka y Kioto, que ella no conocía, y pasamos cinco días en Seúl, adonde ir desde Tokio es más barato que a la mayor parte de Japón.

En Seúl hizo muchísimo frío, y no importara la cantidad de ropa que nos pusiéramos, siempre sufrimos. Por este factor, me sorprendió encontrar Jongmyo Park como me lo había descrito mi amiga Lee Youngshin 5p antes de recomendarme que fuera un domingo: lleno de señores jugando baduk.

El parque es la antesala del palacio Jongmyo, una de las atracciones históricas clásicas de Seúl. Todos los días, pero sobre todo los domingos a la mañana, los ancianos coreanos se sientan en sus canteros a jugar al baduk y algunos otros juegos (baduk, sin embargo, es un 90% de lo que se juega). No entendí bien la infraestructura de juego: quién lleva los tableros, las piedras, o las almohadillas de que usan para evitar el frío del lugar en el que se sientan. Pero lo cierto es que cada uno se pone su campera y no falta a la cita.

En general los vi jugando rápido, y el nivel no parecía demasiado alto. En un análisis veloz llegué a la conclusión de que debería ser entre 1 dan y 5 dan, por lo que creo que, de haberme animado a interrumpir su ritual, podría haber hecho algunos lindos partidos.

2º World Students Pair Go Championship

2º World Students Pair Go Championship

No me gusta el pair go.

Al principio de mi “carrera” en el go, pensaba que el pair go era la forma perfecta de introducir a mi novia, Julieta, al juego, y de poder viajar con ella a jugar torneos juntos. Además, como en Latinoamérica la competencia es naturalmente menor en esta modalidad de juego, dado que la cantidad de mujeres jugadoras es muy baja, el primer punto podría llevar fácilmente al segundo.

Con la excusa de poder llevarla de viaje a algún torneo pude enseñarle a jugar a fines de 2013 (recién llegado de mi primer viaje a Japón) y un poco durante 2014, pero la verdad es que el juego en sí nunca le interesó demasiado.

No obstante esto, cuando en agosto de 2015 se abrió una convocatoria para una plaza latinoamericana en el 2º World Students Pair Go Championship en Tokio, Japón, su interés por el go se renovó instantáneamente. Hubo solo dos parejas inscritas para el clasificatorio, por lo que una partida definiría todo. Durante una semana le di clases todos los días a Julieta por Skype (ella estaba en una residencia artística en Quito), y al final de esa semana jugamos con nuestros oponentes, que estaban en una situación muy parecida, en cuanto a historia y a nivel, a la nuestra. Ganamos el partido y nos preparamos para el viaje.

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Las callecitas de Asakusa tienen ese qué sé yo, viste…

El torneo fue la oportunidad perfecta para reencontrarme con Japón, que me había fascinado dos años atrás. Todo estaba igual, hermoso y agradable. Recorrimos Tokio durante casi una semana, y luego nos internamos por tres días enteros en el hotel Edmont, la tradicional sede del mundial de pair go.

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Allí nosotros, entre las potencias.
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Y el clásico té verde, ideal para jugar.

Demás está decir que perdimos las cuatro partidas que jugamos. Las mujeres de las demás regiones (Japón, Corea, Taiwán, Sudeste Asiático, Europa y Norteamérica) eran auténticas jugadoras de go, con niveles cercanos a 1d o más. Julieta, en cambio, tenía muy poca experiencia de juego. Además, los dos teníamos muy poca experiencia jugando juntos.

De todos modos, fue muy interesante jugar las partidas, más allá del resultado, e intentar jugar cada jugada maximizando su efecto en sí misma, y no su continuación. A Julieta, que es antropóloga, le encantó atravesar el torneo como experiencia de campo, metida desde afuera en un mundo completamente ajeno.

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Parejas del torneo oficial, que se desarrollaba en paralelo a la edición de estudiantes.
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En el torneo me reencontré con Kikou Emura (der.), a quien había conocido en 2013 en Sendai.
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Michael Redmond 9p dio un muy buen comentario de la final del torneo, entre una pareja coreana y una japonesa.

Ahora bien, toda la historia me sirvió para interiorizarme un poco sobre el pair go en general, y descubrir que es un juego completamente diferente al go. Y descubrí, entre otras cosas, que uno de los aspectos que más me gusta de este juego es que todo, los aciertos y los fracasos, son mi responsabilidad. El juego en equipo, aunque tenga muy buenos valores, no es algo que sienta propio del go.