Torneo Argentino de Go – Rondas 5 a 8

Torneo Argentino de Go – Rondas 5 a 8

Durante las últimas rondas del Torneo Argentino dejé de escribir en el blog porque tuve algunos problemas técnicos (varios aún no resueltos) sobre el posteo de partidas, y porque no me hice el tiempo de escribir. Fueron semanas agitadas, y el torneo sumado a la vida complicó un poco las cosas.

Para adelantarme al final de la historia: finalmente quedé tercer puesto del torneo, lo que me llevó a terminar también en tercer puesto del ranking argentino (our very own ATP). No sé si terminé aprendiendo mucho del torneo, pero básicamente hubo dos hechos importantes: 1. que no pude cumplir mi objetivo, que era ganarle a Tabares (ver ronda 4); 2. que jugué una partida de torneo contra Fernando Aguilar por primera vez. Había jugado otras veces con él, pero nunca en torneo.

Las partidas de las rondas 5 y 6 (contra Aníbal Gómez de la Fuente y Fernando Rivero, respectivamente), fueron desparejas. La de Aníbal no tuvo nada demasiado interesante, él se equivocó burdamente en el fuseki Kobayashi, y a partir de entonces intentó jugar overplays reiteradas veces para suplir el error. En menos de cien jugadas la partida estaba terminada.

Respecto a la 6ta ronda, Fernando Rivero dio un partido más difícil. Transformó un enorme moyo central en un territorio muy grande, que terminaba definiendo el partido a mi favor por lo que calculé eran menos de cinco puntos cuando, casi al final del yose, se descuidó y no vio un tesuji que reducía ese territorio más de un tercio. Terminé ganando por abandono.

La partida contra Aguilar, en la semifinal del torneo, fue la más interesante de las que jugé en el TAG. Durante buena parte de la misma, sentí que lo tuve “a tiro”, algo que me sorprendió gratamente (aunque según Gabriel Benmergui, con quien la revisé más tarde, estaba lejos de eso). Logré mantener un grupo suyo bajo ataque lo suficiente como para construir un buen territorio en el sector superior derecho, pero al final un mal aji que tenía pendiente en la esquina inferior derecha fue activado, y terminé perdiendo por abandono. La moraleja, sin embargo, fue que se puede aspirar a ganarle en el futuro.

Por último jugué la partida del tercer puesto, que como debe ser en una partida de esas características, no me entusiasmó demasiado. Nuevamente se trató de explotar un terrible aji que mi oponente, Francisco d’Albuquerque, había descuidado en el rincón superior derecho del tablero. Cuando lo hice, respondió mal y se vio forzado a abandonar.

En general, puedo decir que este año el TAG me dio la satisfacción de llegar al podio, pero a la vez la frustración de no llegar al objetivo planteado. El próximo año, veremos.

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